Dueles en este pecho que choca en el cruce con tus rodillas, que fue portal a otros gestos, otros sentires, otros bucles, otras posibilidades. Pero la realidad que nos cobija, la imperturbable realidad que nos ausenta, para bien o para mal nos recuerda que las decisiones que nos definieron/definen no son azares, y nuestras inconsecuencias hacen presencia causando heridas mortales en el imaginario árbol de Jacaranda de nuestro norte.
¿Para que entonces todo esto? ¿Para que el sentir que hace inolvidable el latir de tu corazón y tú performance no verbal?
¿Para que comprender que eres el único y veraz, el imperecedero brote que nunca se extingue en esta Patria que porta tu nombre? ¿Existe el verdadero latir? ¿En que consiste?
¿Qué es lo que debo aprender? ¿Es que el verdadero latir no necesariamente significa que los relatos quedan juntos, sino que a veces hay que aceptar que ya no puedes formar parte de ciertas historias? ¿Qué la única certeza es la muerte, por lo que al final todo es efímero, fugaz? ¿Adonde irá el recuerdo de este latir, cuando ya nadie quede?
Y, tristemente, la única certeza presente que me queda, es que alteras mi sentido de la realidad, mi juicio y todas las concepciones que construí mientras no estabas. Creía que a esta altura de mi vida tenía el entendimiento de como se sobrevive, pero el único conocimiento que he adquirido es el de aprender a completar los retazos de tu ausencia presente con otros retazos de ausencia presente.
Podría, tal vez aprender a vivir sin ti,
pero la verdad
es que hasta el momento
nada se siente realmente vivo.