Ella no entendía la magnitud de la herida.
Corazón de volantines, semántica tartamuda y el
recuerdo anidado en tus manos.
Porciones que
serán retazo rabia y flor, para este viernes que violentas.
Pinchazo en tus venas que
tanto idolatro,
¿para que cresta lo haces?
¿Me quieres vulnerar las opciones?
Cierras mi ventana, pero yo no te niego la puerta.
Ella no entendía la magnitud de la herida.
Falta de cariño verdadero.
Falta de preparación para el amor.
El recuerdo del folleto que simula el buen
caminar para el día y
esta ciudad vacía que no tiene cara y se vuelve pájaro nocturno.
La ausencia de competencias básicas que se conjugan con estos tres cigarros a medio terminar. No creo que sean tesoros
para los días
en los cuales ordeno y limpio el desorden de otros.
Corazón de nombre húmedo.
Ella no comprendía la magnitud de la herida.
Espera que se pospone, Bengala corta de trayectos.
¡Tu siempre me abandonas!
Caravana y cántico, con obsesión de tus manos absolutas
con olor a país y tierra de la miel que me niegas.
Escaramuza y fotos de gatos gordos que se apilan
y defienden a regañadientes en la frontera de tu loza y labios perforados.
¡Corazón al que negaste el terciopelo!
Ella no entendía la magnitud de la herida.
Tiene todas las llaves, pero no cultiva sus dedos.
Culpar la herencia, por qué es más fácil.
Perpetuar el modelo del maltrato.
¿Y si tal vez, en esa transmutada carretera de manos y
pasos perdidos que dirigo hacia la banca en que alimentas palomas.
Me presentas el contraste que tanto te busca, pero que no se
encuentra afuera de las paredes de
tu vista?
Eso, que crees que teñirá la paz de violentas
flores y peces listos y dispuestos para la cena de la tarde que me debes.
No, no es tan simple,
Por que torpemente te empeñas en no saber que la herencia del miedo
traspasa la carnes, incluso, de este árbol que no reconoces como tu árbol y corazón iluminado apuntando al norte.
Ella no comprendía la magnitud de la herida.