viernes, 6 de marzo de 2026

La Magnitud de la Herida y El violento Espiral de tu nombre

Ella no entendía la magnitud de la herida.

Corazón de volantines, semántica tartamuda y el
recuerdo anidado en tus manos.
Porciones que serán retazo rabia y flor, para este viernes que violentas. 
Pinchazo en tus venas que tanto idolatro, 
¿para que cresta lo haces?
¿Me quieres vulnerar las opciones?
Cierras mi ventana, pero yo no te niego la puerta.

Ella no entendía la magnitud de la herida.

Falta de cariño verdadero.
Falta de preparación para el amor.
El recuerdo del  folleto que simula el buen caminar para el día y 
esta ciudad vacía que no tiene cara y se vuelve pájaro nocturno.
La ausencia de competencias básicas que se conjugan con estos tres cigarros a medio terminar. No creo que sean tesoros para los días 
en los cuales ordeno y limpio el desorden de otros.

Corazón de nombre húmedo.

Ella no comprendía la magnitud de la herida.

Espera que se pospone, Bengala corta de trayectos.
¡Tu siempre me abandonas!
Caravana y cántico, con obsesión de tus manos absolutas 
con olor a país y tierra de la miel que me niegas. 
Escaramuza y fotos de gatos gordos que se apilan 
y defienden a regañadientes en la frontera de tu loza y labios perforados.

¡Corazón al que negaste el terciopelo!

Ella no entendía la magnitud de la herida.

Tiene todas las llaves, pero no cultiva sus dedos.
Culpar la herencia, por qué es más fácil. 
Perpetuar el modelo del maltrato.
¿Y si tal vez, en esa transmutada carretera de manos y 
pasos perdidos que dirigo hacia la banca en que alimentas palomas.
Me presentas el contraste que tanto te busca, pero que no se 
encuentra afuera de las paredes de tu vista?

Eso, que crees que teñirá la paz de violentas flores y peces listos y dispuestos para la cena de la tarde que me debes.

No, no es tan simple,

Por que torpemente te empeñas en no saber que  la herencia del miedo traspasa la carnes, incluso, de este árbol que no reconoces como tu árbol y corazón iluminado apuntando al norte.


Ella no comprendía la magnitud de la herida.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Difuntoerrante

E imaginando que el viejo exilio 
de tus rodillas era 
una zona conocida y segura.
Pensando que salir 
de la periférica de tus asesinos ojos, 
daría la pausa para restablecer 
la ya averiguada, pero estable 
hambruna de nunca tenerte.
Para, que en la sorpresa misma, que adorna todo en invisibles sincronias mal llamadas casualidades. Encontrar
en este contradictorio e iluminado yermo,
el ya presentado y sediento 
deseo de tu labio junto a mi labio,
que habita cómo amuleto, a la izquierda 
de las análogas cajas musicales, dejadas
en el centro de todas mis residencias.
(No acá, no nace una flor y 
no todos los dias sale el sol)
Y en esta  maleta 
que porta la inanición 
de todas tus ausencias.
y mi débil apego a la poca coherencia 
que creo que me sostiene. 
Te confieso que no se vivir este exilio, 
Solo es sobrevivir.
No logro deshilvanar la misteriosa 
hebra que sostiene el aguante.
Ya no sé 
cómo se sigue.

lunes, 19 de enero de 2026

SieteSieteSieteCero

Ella siempre vino a ver las flores que salían de este lejano jardín. 
Siempre supo que le pertenecieron. 
Flores con formas áureas, juguetonas que simulan que miran al sol o al sur de mi cardinalidad, según prefieras.
Pero también estas flores de años y años,
tienen otro motivo paralelo, 
El cual hace menester del desahogo transmutante de la espera, 
la sobrevivencia. 
Porque del aprendizaje
de que no todo lo que habita en el latir, 
permanece en su forma más pura 
que se aferra a la ficción 
que remoja porotos 
en un amanecer de invierno.

Y en este apego de ficciones, 
cada cual siguió su tren de estaciones a la 
realidad que no se posterga, 
llevando lo que tenía y 
con lo que podía realmente estar. 
Cargando dibujos, libros y películas 
que formaban el recuerdo, 
el diálogo inacabado 
y la profecía de lo postergado.

Y acá de pié, en la abscisa de la imperturbable realidad. 
Me guardo el corazón, apago las cintas 
que te buscan y empiezl a vivir. 
Con buenas y malas decisiones, 
buscando aprender lo que venga y 
con toda la honestidad de tratar de hacerlo lo mejor posible. 
Porque al final no se es bueno ni malo, 
Soy ciudadano del error, va conmigo, 
y es lo que es.

Y en este espacio, que sigue lanzando 
bengalas a tientas. 
Para estar y no estar, 
lo que no se si es peor o mejor. 
Para en el ahora, 
enfrentarse a esta ausencia simbólica, 
por qué estás, pero no estás. 
Dándole la forma más compleja, 
ya que esta ficción tiene cuerpo, 
largas piernas, 
labios que conmocionan,
y un ojo a medio maquillar.

Para quedar condenado,
solo por ahora, 
a este espacio lleno de retóricas.