de tus rodillas era
una zona conocida y segura.
Pensando que salir
de la periférica de tus asesinos ojos,
daría la pausa para restablecer
la conocida, pero estable
hambruna de nunca tenerte.
Pero solo he encontrado,
en este contradictorio yermo,
el ya conocido sediento
deseo de tu labio junto a mi labio,
que habita cómo amuleto, a la izquierda
de las análogas cajas musicales, dejada
en el centro de todas mis residencias.
(No acá, no nace una flor y
no todos los dias sale el sol)
Y en esta maleta
que porta la inanición
de todas tus ausencias.
y mi débil apego a la poca coherencia
que creo que me sostiene.
Te confieso que no se vivir este exilio,
Solo es sobrevivir.
No logro deshilvanar la misteriosa
hebra que sostiene el aguante.
Ya no sé
cómo se sigue.
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