viernes, 31 de octubre de 2025

Nunca sembró un Girasol

Herido de muerte, habitando el profesado dolor. 
Observando como se desprenden de sus entrañas 
los pétalos del girasol que nunca sembró y nunca llegó a su mano. 
Apagando el aleteo asustado del pájaro que quiere huir de su pecho. 
Juntando fuerzas para gritar el nombre 
de la poca cordura que le queda. 
Pensaba herido de muerte, 
que todos los dolores ya se habían vivido.
Pensaba herido de muerte, 
que muriendo este amor no nato y del cual culparon de asesino. 
La paz vendría con el último aliento 
antes de volver a pensar su nombre.
Por que de la vitrina, con un ojo a medio maquillar, 
no se entendió que soltarla era el mayor gesto que podía hacer 
y que ella misma y su avalancha no resuelta, 
solicito en la culpa que a todos nos habita. 
Vestir de amistad lo imposible .
Herido de muerte se pregunta ¿Por qué aferrarse a esta esperanza idiota, 
que no quiere morir de vieja? 
¿Por el supuesto de que los números encajan en esta ecuación de números indivisibles?
Herido de muerte, 
se quedara como último recuerdo 
con las blasfemias que lanzaron contra él, 
deshonrado el amor que por tanto defendió. 
Con el tiempo se olvidarán, cómo se olvida lo que no tuvo registro.  
Solo quedarán las tiernas referencias a tú enigmático nombre, 
para los tiempos en que esté espacio se vuelva cementerio 
indescifrable para los arqueólogos del futuro 
y el código binario que los sostiene quede obsoleto.
Herido de muerte, 
con las semillas del girasol que nunca sembró. 
Descubrió que tal vez el objetivo de todo esto, 
es que nunca más volvería a ser el mismo.

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