No hay palabras que la contengan, no hay imaginarios planos de fotogramas que hagan justicia a su caminar.
No hay girasol que la adorne. No hay arboles pariendo hojas lilas en su futuro patio que puedan opacarla.
No hay tabaco de vainilla que puede abarcar su pecho, o té de transnacional, traidoramente exquisito, que compita con los dulzores de su labio propenso a la alergia por contacto.
No hay terciopelo que pueda adornarla. No hay Fibonacci de ojos que nos de la tridimensionalidad de sus deliciosas piernas. No hay relatos, gestos, predicamento. Porque todas las musas, todas la caras, todas la posibles imaginaciones que den el encuadre perfecto no dan la medida que haga justicia, para la pobreza de las bengalas, que años se llevan disparando sobre la terraza de tus plantas, buscando creer que alcanzan lo inalcanzable.
Y en la simbología de tus manos palpando la espiral, que algún escultor de metales, no sabia que estaba creando y formando para ti, para el futuro lejano en el que sentada en el giro áureo de la obra, te remitías a la deuda de la infancia, que no solo era la deuda de tu infancia, si no la deuda de todas las infancias. Aun no logro entender como tu parabólica de resonancias sintoniza con la mía. ¿Qué clase de mapas portas?
Y en ese ayer, que será el hoy, el naufrago caminar guiado de pies que se apuntan. Puedes portar todas las melancolías, pero ninguna te define, nos define. Ya no se crearon las palabras que hagan puente al sentir profundo e innominado. Porque desde ayer, que es hoy, ya no es necesario imaginar con palabras lo que al fin se consumo.
Te invito a que en el muro de piedras con el candado que no combina, transmutemos todos los procesos no lineales que crepitan en ti.
El encuentro de 5.557 días vomitando corazones ya es árbol de sombra cerrada. Fluyendo.
https://youtu.be/HFWKJ2FUiAQ?si=5yVFvDw7lMku55_w
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